26.2.09

P

Vamos con la pe, la pe de Bro. (Autocoña.) Ayer comí galletas maría con colacao y estuve reflexionando y experimentado muchas cosas, hacia las 3am, en torno a las 103.000 y pico palabras. Palabras escritas, que no Palabras habladas, acto culturetil que se celebra esta noche en el PicNic, todo muy cool, Coolio, muy gafipasta, y al que a lo mejor Vamos.

No recordaba que había tantas técnicas implícitas en el acto de la ingesta de la galleta maría, que también es esa famosa y coñazo magdalena proustiana que cita todo el que no ha leído a Proust. Bro y yo nos hemos propuesto leer En busca del tiempo perdido de aquí a diez años; por Navidad me regaló las dos primeras entregas, Por el camino de Swann y A la sombra de las muchachas en flor. Creo que me interesa más la segunda entrega. Mi magdalena particular, y en esto coincido con Vila-Matas, ahí es nada, era el Cacaolat. Lo bebo hoy, lejos de los veraneos catalanes, y es un torrente de evocaciones infantiles.

También estas galletas, como los Rice Krispies de Kellog's, tienen su cosa evocadora. No recordaba cómo uno tiene que estar atento y concentrado para que no se ablande demasiado cuando se sumerge la galleta, previamente cubierta de Nocilla, en el colacao tibiorro. Es fracción de segundos, un tempo difícil de calcular y que requiere una destreza que ni de adultos. Poco tiempo, se mantiene dura y, demasiado, cae a las profundidades lechosas y se nos queda cara de tontos. Es un golpe violento, creémos que la podemos llevar a la boca y ¡plas!, se viene abajo jodiéndonos la marrana. Entonces toca operación rescate con la cucharilla y dan ganas de hacerle el bocaboca a la molicie galletosa, que presenta un aire desfallecido, descompuesto, casi indigno. Parece como si quisiera respirar por esos oyuelitos que presentan las marías, pobre.

Otra técnica que mi memoria institiva aún conservaba fresca es la de la división en trocitos de la galleta, y posterior repesca cucharilla en mano. Era otra opción, quizá más segurola, más funcionarial, que se podía emplear sin Nocilla de por medio. Recuerdo también haber descubierto, en el otoño ya de mi infancia, una técnica revolucionaria de extender la Nocilla entre las dos galletas. Bastaba poner una dosis en el centro y aplastujar las dos, que se distribuía a la perfección. "¿No lo sabías?", me dijo mi hermano mayor. "¿Cómo no lo habría descubierto antes, después de cientos y cientos de galletas ennocilladas", me lamenté.

Recuerdo también el mejunje pastoso que se formaba en el fondo, con la leche ya casi fría, y que nunca me dio por beber. El calentador de tazas que me regaló Molusco vendría muy bien en este caso.

Fue ayer una noche de recuerdos gastronómicos, en forma de galleta, que dan mucho de sí. Antes me crucé unos cuantos mails con X, y hablamos de Vila-Matas. Me dijo que le había escrito para unos asuntos y me contó que era "un tío majo". Me dijo también que ver en tu Inbox un mail firmado por Vila-Matas es toda una experiencia y que los correos que se han cruzado tampoco tienen desperdicio. Le pido, porfi, jurando discreción y respeto, que si me puede pasar el correo del escritor. Hace tiempo que quiero hacerle llegar mi post tríptico sobre la rue Vaneau, incluso en las postales del náufrago digital. Me da el mail y me anima a escribirle. Lo hago como lector/escritor, y no como periodista, y eso siempre da cierto palo. ¿Qué hago yo metiéndome en su correo? Porque entrar en el mail es como entrar en su casa, en cierta manera. El correo es algo personal. El suyo es de Terra, por ejemplo. Y eso dice muchas cosas. Hay ciertos correos que son como de carrocillas, de tipos de mediana edad que fueron captados rápidamente por Terra, Telefónica o Inicia, pobres éstos últimos. Siguieron fieles a ellos, en los tiempos en que Internet se reducía a cuatro portales que todos conocíamos de memoria. Inicia, Terra, Yahoo, no había ni Google. No había Google, señores. Hubo un mundo sin Google. Navegábamos en Internet de maneras extrañas, en buscadores como Altavista y a través de los directorios de Yahoo. Flipante.

Le escribiré a Vila-Matas, el del Cacaolat, a riesgo de que me mande a tomar por el culo, que viene a ser una clamorosa no-respuesta, un silencio administrativo lacerante y ensañado. Ya os contaré qué tal. Me espera V.
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