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A punto de franquear la barrera más que psicológica de las cienmil palabras, hago cualquier otra cosa antes que ponerme a ello, a por esas últimas diezmil necesarias para culminar esta etapa de varios meses ya. Nada más poético, pienso, que escribir así sin red, sin ningún contrato firmado, sin nadie detrás, en plan suicida, salto al vacío, y ya es la tercera vez. Tan poético como lamentable, claro.

Las razones de ese leve rechazo no las acabo de ver, pero creo que se trata simplemente una cuestión de pereza. Quizá de mente cansada, necesito unas progresivas mentales, puede ser. La acción es buena terapia en estos casos, la acción es terapéutica, llamadas de teléfono, faxes, gestiones, horarios, ve y vuelve, coge el coche, monta, baja, etc. Siempre queremos lo que no tenemos, oh, compleja existencia ésta. No obstante, desormais, entre exceso de quietud o exceso de acción, me quedo con el estatismo. Siempre puede uno escribir, que es como la acción del quieto.

Así, antes volver a enfrentarme con mi saco de palabras, hago cosas como instalar el USB Cup Warmer, regalo navideño que me envió Molusco desde Canadá y que llegó sano y salvo. Es un calientatazas que se enchufa al ordenador y que, entiendo, se aprovecha de esa energía turbia que hay por los bajos de la maquina, cosa que no sé si me agrada. El té es un líquido de extremos: o está muy caliente, y por tanto, imbebible, o pronto enfila la recta del enfriamiento global hasta convertirse en un bebedizo deprimente. Espero, Molusco, a que llegue esa fase para postrar la taza encima de tu rutilante cachivache.

Hago cosas como pasarme por el mercado de los Mostenses y comprar un filete de hígado de ternera. Ayer vi Léolo, y no sabía de las propiedades de tipo onanista que poseen este tipo de vísceras. Una incisión en el tronchaco de carne y el resto os lo imagináis. El caso es que el cuadro no era tosco ni grosero, con el niño oradando esa masa visceral con esa gama de tonos tan curiosa que presentan esos productos: entre morado, rojo, azul y marrón. No hay manuales en el autodescubrimiento de la sexualidad y cada uno se encuentra con ella de la manera más variopinta, haced memoria.

El mercado de los Mostenses es uno de esos lugares completamente españoles y no otra cosa, que ahora además muestran esa fuerte carga multicolor de las Américas. Más español, si cabe, porque lo americano también es España. Hugh Tomas: "Quien sólo conoce España, no conoce España". Por eso me largo a Cuba, en un par de meses.

He descubierto un nivel de casquería de altos vuelos, en ese mercado. Mi filete de hígado de ternera (más tierno que el de cerdo, he aprendido), era el producto más sobrio de todo ese escaparate capaz de provocar un desmayo en uno de estos vegetarianos sensibles. He visto cosas increíbles, amigos. Patas de ternera, sí, una suerte de pantorillas, blanquecinas, como de plástico (voy a conectar el calentador de tazas, de té-tazas), morros de cerdo, visibles morros, tripas de cerdo, gallinejas y un montón más de entresijos cárnicos que no he retenido en mi memoria. Ah, sí, los callos, qué limpieza la del callo, oiga. Se trataba de una especie de toalla blanca, un blanco entre hueso y sábana de Ariel, esponjosa, mullida, que no producía ningún tipo de rechazo, así desde fuera, como insisten los detractores del callo "ay, qué asco". Ah, y las criadillas de choto, unos bolos del tamaño de una patata, reconcentrados, venosos, con esas venillas negras de las que habló incluso Gómez de la Serna, que parecían prestos a explotar. Le he preguntado al tendero: "Esto son...", "Los huevos". Curiosamente, no me he acordado de Mariano Fdez. Bermejo en ese momento.

También escribo en el otro blog, leo a Ramiro Pinilla (Sólo un muerto más) y eludo mi verdadera responsabilidad. Cuesta volver, sí. En la novela se está o no se está, y en eso estamos. Sirva este post para abrir puerta, esta tarde tengo que rezongar entre sus tripas, bazos, hígadicos y criadillas y hacerme con el control de la víscera novelil.

Por cierto, el USB Cup Warmer es un gran invento.
Y Gmail sigue sin funcionar(me).

Comentarios

  1. Ya estoy operativo de nuevo, y lo que es más importante, mi ordenador también. En este último viaje le dio un aire y no se recuperó, pero el calor del hogar y un buen check, ya está bien.

    La casquería, vaya mundo. Se podrían hacer muchas comparaciosnes, pero todas de mal gusto, al menos, las que a mi se me ocurren. Yo aún no he pasado de hígados y riñones. Soy un conservador, pero no digo que algún día o coma cerebro de ternera o aborto de oveja.

    Por cierto, yo si tuviera un puesto de casquería lo llamaría "te dejas lo mejor".

    Saludos y me alegro que el calienta té-tazas funcione!!

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  2. Este post está lleno de imágenes maravillosas (por su certeza, más que por su estética), como la de los callos sabanosos. Joder, qué capacidad para describir lo repugnante y relacionarlo con espumas prelavado. Siempre he pensado que las carnicerías son un lugar poético por la gran cantidad de imágenes que confluyen en ella: la vaca colgada del gancho, el costillar expuesto bajo neones, la pericia de la mano rojiza del carnicero que acaricia la ternera con el hacha. Es como ver las pinturas negras de Goya, o algo así.

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  3. P.D: espero no herir ninguna sensibilidad con mi alegato bistec-creativo. Trato de ver composiciones artísticas en casi todos los puestos del mercado, sobre todo en el de pancakes.

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  4. Molusco, bienvenido. Yo te recomendaría la oreja, eso sí, en dosis homeopáticos. Recuerdo haberme dado un atracón una vez y sentir como, por la noche, la oreja gritaba, en mi interior estomacal.

    Violetera, gracias por las loas, graciasgracias. Todo muy buñuelesco, la verdad. Ah, y un tipo con tres cerdos al hombro me ha arrinconado contra la pared y casi me estampa un buen pezuñazo. Toda una aventura, como ves.

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  5. Cualquier ocasión es buena para emplear la palabra PANCAKE. Me encanta, joder.

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  6. *O panqueques, en castellano, quizá la palabra más fea jamás escrita.

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  7. Contenedor amarillo24 de febrero de 2009, 20:47

    ¿Rocky no era carnicero o me estoy confundiendo con Perurena? ¿O eran los dos?

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  8. Laporte, te AUGURO un GRAN ÉXITO con esta non-nata novela. De verdad de la güena.

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  9. Contenedor amarillo24 de febrero de 2009, 21:24

    Ya... pero el harrijasotzailismo no de para eso del papeo diario. Profesionalmente, creo recordar, tenía una carnicería en Leiza.

    Tengo pruebas, tengo pruebas...

    Prueba judicial nº1

    Y no sé por qué estoy desbarrando tanto... será que como me he pasado al tabaco de líar siento algún sindrome de abstinencia extraño de algún aditivo de esos que dicen que no ponen las marcas convencionales de tabaco.

    O porque por fin he visto a un vasco emprenderla a mazazos contra una herriko taberna porque se le han inflado los huevos al ver como le habían volado la casa, con la bomba puesta contra la sede del psoe del otro día.

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  10. cuando llegues a la z, puedes empezar por aa, ab, ac,

    no me lo he inventao yo, lo he visto en algún sitio, pero es que yo soy muy copión,

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  11. a,

    pues entonces te lo habré copiao a ti mismo,

    es un bucle,

    perdón,

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  12. ne es pa ponerse así, hombre, si lo sé no vengo,

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