Normalidad invernal

No me acaba de gustar febrero. Enero es mes siglo XIX, es decir, tiene un pliegue temporal en el que uno se puede refugiar. Se está a gusto dentro de enero, protegido, una protección fría, como la de los huskys siberianos que duermen bajo la nieve, arrumacados bajo una manta de nieve.

Pero febrero te deja el culo al aire, como a los escarabajos ermitaños sin cáscara, me hace pensar en esas fachadas de casas destrozadas por que alguien dejó escapar el gas, o porque alguien puso una bomba, o porque se vinieron abajo de puro viejas. Se ven los dormitorios, las batas colgadas, el espejo que ahora refleja la calle y toda esa intimidad refrescada por el viento de la ciudad.

Febrero y marzo son dos meses normales, de lo más normal que hay en el calendario. Unos meses 'como dios manda'. Ya escribí hace tiempo sobre esto, pero me apetece repetirme y buscar nuevas aristas, nuevos puntos de apoyo para este tiempo a veces inasible. Ayer me dijo un quiosquero de Gran Vía: "Este invierno va a ser histórico, lo recordaremos todos". La verdad es que yo tengo ya varios inviernos en la chepa de la memoria meteorológica: el de 2005 que heló Bilbao, con el Guggenheim alfombrado de nieve; el de 2007 que peinó de blanco Ciudad Real... y veremos 2009.

Pero pasa que no siempre hay temporales memorables (el de hace unas semanas, también el Bilbao, lo ha sido), y los inviernos pasan sin que nos enteremos bien. En Madrid, por ej, hay muchos días que no llega a hacer frío. Es una temperatura estándar, como de recinto ferial. Porque febrero y marzo son meses indoor, para ir de feria en feria, para hacer vida más que pensarla. Hay toda una normalidad social, es tiempo de agentes comerciales, empleados de banca, abogados laboralistas, reuniones sindicales, rediseño de organigramas, tiempo de pintar la casa, de operarse, de ir al dentista, sí, mucho dentista, de quitarse un quiste, una variz, corregirse la miopía, cambiarse de gafas, arreglar la pata coja, planear vacaciones futuras, pensar en casarse, en reformar la cocina. Normalidad, cotidianeidad, nada emocionante. Es un mes de ir a visitar a enfermos al hospital.
*
De pequeños, solíamos ir mucho en invierno a Barcelona, por cosas de trabajo. Ahí el invierno era aún mucho más indefinible, una no-estación, unos meses de tránsito hacia las verdaderas estaciones. Muchos días salía el sol, y era una primavera sin calor y sin flores, y la gente no sabía muy bien dónde meterse ni a qué atenerse. Yo prefiero el frío, un frío recio que te achante el espíritu y que te haga un tipo duro, no un blandengue mediterráneo con alma de escalibada. No me gusta ir a la playa en febrero, ni pasear por el Passeig Maritim, ni por la Barceloneta, ni por el Borne, con cazadora ligera. No. Tampoco quiero un invierno ucraniano sin gas, ni diluvios levantiscos. Pero sí un cierto dramatismo estacionario, coño.

PostPost: Acado de ver el telediario y no he podido evitar sentirme muy frívolo y caprichoso. Que si dramatismos estacionarios... Londres colapsado, nevado y sin aeropuerto, París con aguaceros y temporales varios, 25 heridos en Málaga por un tornado... A ver, yo sólo decía que me gusta cierto frío en el invierno, que me deprimen los inviernos tibios e insulsos, nothing else.. (No sé porque me estoy justificando ni defendiendo, si nadie me ha agredido, pero prefiero poner la venda antes de la herida. Y, sí, ay, esto de ser blogger te genera como un constante sentimiento de culpa o de pulsión defensiva permanente que no sé si es muy sana.)

Comentarios

  1. Buen hallazgo el pliegue temporal de enero y la vidacracia en la agenda de febrero y marzo.

    Siendo usted criado en Pamplona sería de extrañar que le gustase el invierno tibio de Barcelona. Yo odio el frío.
    Obvio lo de blandismos mediterráneos pues no le veo un experto en termodinámica caracterial.
    A mí el mediterránero me aburre, deseo un advenimiento de lo tropical, donde la vida rebulle, te re-mojas, sin frío, y vas en traje en bañador. Pero es una cuestión de constitución, biológica, no cultural ni de Cádiz.

    ResponderEliminar
  2. Contenedor amarillo2 de febrero de 2009, 16:25

    Cada vez me gusta más el frío callejero... pero sólo si va acompañado de un clima tropical en el hogar (me la pelan las recomendaciones del gobierno, prefiero una casa a 26 grados que a 19. Cosas que tiene uno, sobre todo porque como siempre piensa mal de la clase política, no cree que ellos anden por casa con jerseises varios de cuello vuelto y calcetines de punto gordo. Basta con ver sus cochazos y sus séquitos motorizados).

    Febrero es corto como una buena tarde nocturna de chocolate con churros, y se cobra antes. Me gusta este mes, yo lo clonaba.

    ResponderEliminar
  3. Yo lo que no entiendo es Gas Natural. Así, a secas. Quitan la calefacción centrla y ponen gas Natural. Y lo que antes era un bien casi gratuito, con calor de sobra, ahora es frío y facturas de cientos de euros. Que melexpliquen.

    ResponderEliminar
  4. A mí, desde hace unos años, los primeros meses del año me deprimen. ¿Será porque hace frío o porque en abril es mi cumple y ya he pasado de los cincuenta? No sé, no sé. Lo que sí tengo claro, como don Jordi Santamaria, es que, como dijo en su día el impagable Arzallus, el Mediterráneo (y supongo que con él su clima) es un mar maricón. A su manera, intentaba un elogio del Cantábrico.
    Habría que recuperar el brasero de picón. ¿Lo tiene en su programa el PPC?

    ResponderEliminar
  5. Tomo nota, Ángel, rediseño de braseros de picón. Gran comentario, gran aportación, hoy te pongo un 9,99.

    ResponderEliminar
  6. Contenedor amarillo2 de febrero de 2009, 18:18

    Náugrafo, yo tengo esa misma pelea desde hace tiempo con la factura de la luz de Ibertrola (tenía tarifa nocturna, que ya se han ocupado, con saña, en quitar y la han quitado, para mis pobrecitos acumuladores nocturnos), y desde el mes pasado el mosqueo ya es tremendo porque como el gobierno les ha dado permiso para cobrarlo mensualmente (con lecturas bimensuales, que es lo que tiene cojones, facturando por estimaciones y no por datos reales) ya no sé ni lo qué me cobran, ni por qué, ni cómo. Eso sí, casi el doble que antes. Otro atraco más... y van no sé cuantos. Los políticos siempre mirando por nosotros, ya sabes.

    Mercado libre y con competencia real ya/orain, coño.

    ResponderEliminar
  7. Pero si Ibertrola es más privada que la intimidad familiar de Leonord Watling...

    Me gustaría saber cuánto pagaba una familia española de luz en los años 50/60. Orain, a ser posible.

    ResponderEliminar
  8. Contenedor amarillo2 de febrero de 2009, 19:37

    Las electricas tienen el órgano sexual intervenido por el estado, que es quien fija las tarifas para su uso y disfrute.

    La moratoria nuclear también es cosa de la politocracia, que hace que tengamos unas energías más caras que el chichi de la bernarda cuando estaba de buen ver. Total, para importar el chispazo de las centrales nucleares de la France, que como les den por explotar nos sale un tercer pezón en medio de la frente igual que si comiésemos a las doce y media y nos llamáramos Fransuas. Incongruencias ecologistas a costa del bolsillo del torturado usuario, que es quien paga y es rimado con el cinco, sin cesar.

    ResponderEliminar
  9. Ando flojo en cultura energética, lo recoñozco. Eso sí, dando por hecho que nos jugamos el tipo cada fin de semana cada vez que nos montamos en un coche, me parece absurdo esos miramientos para con las nucleares. Francia tiene un montón, me parece sensato instalar algunas más, eso sí, a ver donde, porque te sale un Ibarra y a ver dónde la colocas. Delicado asunto.

    ResponderEliminar
  10. Náufrago, lo que está claro es que eres un maestro de las estaciones y los meses de año, pero si le permites una pequeña crítica a alguien que lleva leyendo tu blog tres años, tu preocupación por el clima y las sutilezas sobre solsticios y equinoccios ya empiezan a repetirse mucho. Yo te animo a escribir una novela titulada 'Los meses del año', donde puedas descuajeringar a gusto el calendario gregoriano y los movimientos de la tierra. Jijiji.

    ResponderEliminar
  11. Estoy muy de acuerdo con lo de instalar más nucleares en España. Luego le tenemos que comprar la energía nuclear a los franceses. En Cataluña hay unas pocas y las demás comunidades podíamos tomar su ejemplo. Tanto miedo a lo nuclear. Me recuerda la relación química = malo, cuando todo y todos somos pura química.

    Por cierto Naufrago, te veo muy prolífico en lo que a numero de post se refiere!

    ResponderEliminar
  12. Por cierto, a mí tampoco me gustan los 'paseos marítimos' en invierno. Cuando vivía en Almería los daba a menudo, como todo el mundo debe hacer un domingo de enero a 27 grados. Y era desubicante y deprimente a partes iguales. No se me hacen largos los inviernos en Madrid, la verdad (supongo que porque tampoco lo son), pero he de reconocer que no me molesta vislumbrar cierto aire primaveresco en el mes de febrero, como un frío menos agresivo, menos oscuro (aunque resulte patético decir esto después de la nevada del domingo)... No sé, la primavera siempre es bien recibida. Lo malo es que desaparezca, como el año pasado.

    ResponderEliminar
  13. Contenedor amarillo2 de febrero de 2009, 21:21

    Según tengo entendido, los pueblos españoles que tienen cerca una central nuclear, reciben pasta de la empresa eléctrica de turno, y bastante, en contraprestación por el posible riesgo que sufren. Leí por ahí que esos pueblos estaban bastante preocupados por el cierre de las centrales existentes, porque se les podía cortar el chorro de millones. Ya se sabe, lo de dejar de ingresar, jode mucho.

    Y yo que creo, como por ejemplo uno de los fundadores de greepeace, que la energía más ecológica que hay es la nuclear...

    ResponderEliminar
  14. Escribimos sobre el tiempo al mismo tiempo, pero rizando el rizo, al unísono con la marmota Phil de Punxsutawney, famosa por doquier, que también hablaba del tiempo a su manera, profética, a las 13:30 h ibéricas, 7:30 h en Pensilvania, osease, sincronicidad junguiana diría aquel

    ResponderEliminar
  15. Yo hoy no he podido salir de casa... no funcionaba ni el metro ni los autobuses, he estado aislada del mundo al oeste de Londrs.
    Ayer me costó dos horas y media y mucha desesperación llegar del centro de Londres a mi calle a la 1 y media de la madrugada y yo sólo podía pensar en mi cama... desde hace tres semanas vivo en una nueva casa en la que entro y noto calorcito, eso da mucho gusto sobre todo si cuento que en la otra comía con el abrigo puesto y dormía con el pijama y dos jerseys más bajo el edredón (cosa de los australianos, que debían ser calurosos...)
    Así que hoy me he quedado tan contenta en el calor del hogar, sin hacer nada.

    Y a Febrero le tengo cariño, supongo que es porque yo nací en Febrero y por que con sus 28/29 días es siempre más fácil llegar a fin de mes, no?

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares