18.2.09

J

Empieza este post como el último que terminé. Con esa letra musical, ribera. La Ribera, Navarra, esa denominación viene de estar cerca del río, río Ebro, descubro. Tengo que salir de la provincia, Negra provincia de Flaubert, con sus hiperlocalismos que vienen o van, noto ciertas apreturas extrañas en este cuarto días pamplonil: pensaré en ello.

Ayer, me hablaba I sobre aquel cronista de la ciudad, Pascual, particular sufridor del franquismo, pues en teoría era "de los suyos". Pero no tanto, ser de la Falange no era estar a fuego con el Movimiento, aquellos eran los raros, digo, unos tipos hechizados por los vientos modernos que venían del fascismo italiano, del futurismo, incluso, de un mundo más envidiable que el analfabeto y esquilmado español de los años veinte y treinta y cuarenta. Había poetas, novelistas, en fin, era rara la Falange.

Pero en la España post-39, había que obeceder a los vencedores aunque uno estuviera también en ese afortunado bando. Habíamos ganado la guerra, como el libro de la Tusquets, pero las directrices eran también de plomo, si bien a uno no le fusilaban a la mínima disensión, o lo forzaban al exilio, como pasaba con otros pascuales de peor suerte. Acabó escribiendo de santos, callejuelas y otros hiperlocalismos estetas por no meterse en líos, pues poco menos que hizo un viraje comunistoide al final de sus días, me cuenta I. Comunistoide, anarquista, ácrata, llámalo X, pero distante de aquel estático y apisonador régimen que se hacía llamar Movimiento.

También ellos se las veían con la censura, y su teléfono no se libraba de ser intervenido. Con Izurdiaga, socio periodístico en la prensa de guerra y posguerra en el Arriba España!, gustaba de hablar en latín, sí, en latín, y el censor-controlador de turno les espetaba, de pronto, con un "¡hablen ustedes en cristiano, coño!". Una stasi, pues, a la española, cutre, que hasta vigilaba a los suyos no fuera que tocajaran los cojoncillos. Como se ve que lo hacían, y se entretenían en dar la vuelta a un artilugio ideado para suprimir frases poco ortodoxas de los artículos del periódico, para que quedara en evidencia la acción censora del Caudillato. Manchones negros que manifestaban la represión mediática que todos conocían, pero que rara vez se mostraba con tanto descaro en papel tintato. Y en Madrid, claro, saltaban con un irritado: "¡Ya están otra vez los de Pamplona!".

La ausencia de matices, el maniqueísmo imperante, no nos permite conocer, apreciar, personajes en tesituras tan dispares como la de este Ángel María Pascual, tipo peculiar per se, y más en la Pamplona con la boina hasta las cejas. Esta mañana leí la columna de Chivite, en La Mandarra de la Ramos, con M, tres vinos en plan funcionata de la Dipu, y hablaba, en plan oscuro, sobre gustos y tendencias. Citaba un libro del hijo de Susan Sontag, reportero de guerra con una sensibilidad, por lo visto, de la que carece el académico murciano, me temo. Hablaba el hijo de Sontag de los últimos ratos en compañía de su madre moribunda, en un réquiem sutil, sostenido, tenue, no apto para todos los públicos: miel en la boca del asno. Se quejaba Chivite, con tono de escaldado, de que ese tipo de libros, de historias, de miradas, cotizaban a la baja, y que él se cuidaba muy mucho de recomendar según qué cosas, cansado de incluso reproches "joer, menudo rollo me recomendaste".

No sé muy bien a qué venía esto, un poco al embrutecimiento, no creo que el de ahora sea mayor que el de la España bélica, quien sabe. Pensar en un Pascual, conocedor de seis idiomas, japonés, latín, euskera, educado poco menos que en soledad, educación personalizada, en la Pamplona cafretona de la posguerra, es para deprimirse un rato. Él sí que era un náufrago no digital, pues se quedaba hasta las ocho de la mañana en el periódico con las planchas y demás, sino náufrago real aferrado a una cultura y un deseo de aprendizajes que hoy, en estos días de Pamplona, me ha dado por evocar y conocer más de cerca.
Me temo, como dice Chivite, que a nadie le importa, pero bueno.

6 comentarios :

  1. El Chivite escribe mejores libros que artículos. Por ejemplo, Insomnio, en Acantilado.
    Chivite no tiene ninguna Jota. Jaén sí. La jota de Jaén es de chauvinista puro y duro pero como bebo Cinzano y no aceite de oliva, me da igual.

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  2. 'Insomnio', premio café gijón, es un libro cojonudo. Se lo dejé a mi hermano y me lo perdió en Australia, cuando se lo dejó a un hombre homosexual con crisis de varios tipos. Un final muy chivitiano, ciertamente. Y sus artículos a mí me gustan, ojo.

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  3. Contenedor amarillo19 de febrero de 2009, 2:59

    Yo he visto fotos de un encuentro internacional de arte que se desarrolló en la Plamplona de los años setenta en lo que es hoy el baluarte, cuando era un solar.

    Me resulta curioso, sin más. ¿Qué fue aquello, en esa época tan de fin de ciclo?

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  4. Espléndido retrato de personajes con paisaje al fondo. O al revés, que ahí está la gracia, de paisaje con personajes de alto voltaje.
    Enhorabuena entusiasta y gracias por el rato de lectura
    Abrazossssss

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  5. Contenedor, no sé si te refieres al documental 'Encuentros 72, Pamplona', que proyectan ahora en Punto de Vista, sobre una confluencia de artistas sin parangón, oiga, que hubo en Pamplona entonces. Sé que estaba John Cage, el músico minimalista, por ejem.

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  6. Contenedor amarillo19 de febrero de 2009, 22:27

    Sí, eso: Encuentros 72. Yo sólo había visto alguna foto y unas pocas lineas sin miga, pero me resultó interesante y extraño ese tinglado que se montó en una ciudad como esta en un tiempo como aquel. ¿A quién le habría dado un aire del regimen franquista para autorizar algo así?

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