I

Invierno, Italia, India. El ciber de Julián estaba abierto esta mañana, también la librería de La Hormiga (calle Curia, Contenedor). No sólo es política, como me dijeron, porque he visto títulos de, qué sé yo, David Foster Wallace, Roberto Bolaño, Borges, Pombo y así. He encontrado un ejemplar de El santo al cielo, de MSO, que me faltaba en mi colección, de aquellos de Pamiela que ya quedan pocos. Cuatro euros.

Ayer me acosté con el prólogo a las Glosas de la ciudad qué este hace sobre Pascual, en una endogamia literaria digna de psicoanálisificismo. No recuerdo mucho qué leí, últimamente noto amnesia para ese tipo de cosas. Algo de que Pamplona, decía MSO, era ciudad de prensa y que en los primeros años de posguerra había nada menos que tres periódicos: El Pensamiento Navarro, Diario de Navarra y Arriba España. Era en éste último donde el cronista de la ciudad publicaba sus proto-post, sus Glosas, que ayer leí hasta encontrar el sueño, tres de la mañana, tras una sesión intensiva de laúd nocturno con I, al que dedico el post de este 17 de febrero, día también personal por otras razones, y al que pondré a prueba, de paso, por ver si ha hecho la tarea. ¡¡Escapulario!!: esa será la palabra que tendrá que pronunciar, si no quiere que le coloque virtualmente en mi lista gris, y haga votos por entrar en la beltza.

Me llamó la atención que Pascual, cual Fígaro-Larra, usara seudónimos en sus post de periódico viejo: Alenier y el otro ahora mismo no me acuerdo pero luego* lo pongo. Amnesia, ya digo. *Biyek.

Ángel María Pascual, del que MSO dice que tenía las trazas de personaje literario, también anduvo metido en política municipal, que es la mejor manera de conocer las tripas de la ciudad, como lo es también ser periodista, reporterillo, plumilla local. Las ciudades son como los Bingos: parece que no tienen vida hasta que uno penetra realmente en ellas.

Como he penetrado yo en La Hormiga, en esta vida de ocioso pamplonés que me toca cultivar estos días de gestiones y asuntos a-literarios. Me he hecho coleguilla de Eduardo, que así se llama el librero y hemos comprobado cómo mi libro no estaba en su establecimiento y cómo tampoco era fácil dar con él por las vías secretas que los libreros tienen para dar con los títulos. Yo le quería decir que estaba aquí, pero me ha dado pereza comunicárselo en lenguaje real-analógico.

Ya digo que es un Bandido versión pamplonica con su temática política. Mucho Palestina, Gaza, Sáhara Occidental, pero también unas muy comprables memorias del superhéroe hiperlocal, Espoz y Mina, que combatió en la Guerra de la Independencia y que se ganó su travesía eterna en la ciudad. Los periódicos, a la entrada, daban cuenta también del kitsch del local: Público, Berria y Diagonal. No esperen encontrar por ahí a Jaime Ignacio del Burgo, del que he leído que pide un año de cárcel para un tipo que le llamó "chorizo". Y, joer, al menos le insultó hiperlocalmente, qué insulto más pamplonica que que digan "chorizo" y no "morcillón", "torrezno" o, no sé, "butifarro".

El otro Eduardo me ha hablado también del Barrio de los Artistas, una iniciativa que se ha desarrollado este sábado por aquí, montada por los de El vértigo de la trapecista. Hay que entrar en la ciudades, en los Bingos, incluso para perder. Mucho artisteo, no lo vi, me lo han contado, y catas de vino, y expos de pintura, y cosas visuales y, ojo, escultores que abrieron sus casas para mostrar sus obras. Eso es cultura y no las jotas de la Tómbola, oñññe.

Comentarios

  1. El juego es ahora decir una palabra que empiece con la letrita del post. Uhh, qué diver, qué dinamismo... Luego alguien hará un poema, lo enmarcará y lo venderá en Arco2010.

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  2. Iepa! Si sigues por Pamplona pégame un toque. Tengo una cosa que enseñarte... (anónimo ivanbasten)

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  3. Hola Eduarrrrr
    Me han llamado los de Pramés. En breve recibiré el libro, los de Correos lo han perdido.
    Ya que estoy aquí, quiero mostraros mi neonato BLOG: http://el-odiometro.blogspot.com/

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  4. Contenedor amarillo18 de febrero de 2009, 0:30

    No sé, no sé... arte y política es como un cura que se va de putas (¿es posible una vida renunciando al sexo?) o un nacionalista que se declara internacionalista; Bové (menudo canso que era con sus bigotes de Asterix) comiéndose una bigMac o Zapatero leyendo a Borges (por mucho que lo diga, no se lo cree ni él, pero bueno).
    Mi individualidad, y quizás también mi crecinete misantropía, hace que siempre, las reuniones del colectivo de lo que sea, me produzcan un cansancio infinito por no decir un repelús como el de morder cola-cao, por el grado de vanidad tan empalagante, por ejemplo, auqneu también podría decir que por querer ocultar la mediocridad de más de uno en la masa. No me gusta, los grupos siempre caen en algún sectarismo.

    Me daré un vuelta por la calle curia (creo que es el antiguo local de una tienda de discos. Creo), a ver si pesco un par de libros locales a los que hace tiempo que dedico mis anzuelos.

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