16.2.09

H

Efe, ge, hache, i. Me he metido en un locutorio de la calle San Nicolás, Pamplona, a colgar mi particular letra. No sé muy bien a qué responde este deseo mío por seguir con este macropost, este post-río, este postón, postonazo, nadie me exige, pero me sentiría peor de no hacerlo, eso está claro. Pero evitemos estas metapalabras, estas metaexplicaciones, que a nadie interesan.

Antes me acerqué hasta el ciber aquel de la calle Curia, donde el amable Julián, creo que así se llama, te atiende simpáticamente. Me apetecía conocer La Hormiga, La Hormiga Atómica, que es una nueva librería que, vamos a decir aun sonando tópicos, era como muy necesaria en Pamplón. Venden sólo libros de política, aunque olvidan quizá que la literatura es también política. Así lo dice Orwell en su Why I write?: él escribía guiado por estrictas motivaciones políticas. La mera elección y desarrollo de una estética, de un continuum estético que se sostiene en doscientas páginas, ya es hacer política (y esto lo explica Orwell con más tino). Un borroka con su forro polar está haciendo política, y lo sabe. Esa estética de oposición a lo burgués, al pijomari con el pelo postbeso de lengua de vaca, es toda una actitud política, de resistencia, de desgaste, de "aquí estoy yo" y me opongo a ti, a tu ramillete de creencias, aunque sea con mi chándal Karhü.

Porque, amigos, ¿qué es la política sino una lucha, más o menos belicosa, hacia un tipo de opción vital, que comprende no sólo la organización territorial, administrativa, etc., sino también la estética, el gusto por unos modos, modales, formas y protocolos? Pensemos en el Tercer Reich, en el kitsch del Tercer Reich. Todo es kitsch, léase La insoportable levedad del ser, y cada uno lucha por imponer su particular kitsch. Algunos tenemos un kitsch más complejo que el que pueda dictar tal organización política o tal marca de bolsos y eso nos convierte un poco en náuGrafos-náufragos, pero en fin. En náuGrafos-murciélago, si me apuran, pero bueno.

Esta librería, La Hormiga Atómica, me recuerda mucho a El Bandido Doblemente Armado, de Madrid. A la primera la abrevian y la llaman 'La hormiga', a la segunda 'El bandido'. Las dos son librerías-cafeterías, un híbrido hostelero quizá necesario para sostener el negocio librero. Todo el mundo sabe que el café es el producto más rentable del mundo: agua con polvo, 2 euros. Ganancia neta: 1,99 euros (cálculo a ojo). Dudo, de todas formas, de la boyancia (palabro) de este negocio al que le puede pasar, ahora sí, como al murciélago, ni con los pájaros ni con los ratones: esto es, ni con los libreros y con los hosteleros (de la ANAPEH).

Al final estaba cerrada, abrían a las 17h, y no he podido acceder a ese microuniverso. También estaba cerrado el ciber de Julián, y por ello he recaído en ese locutorio que he permutado después por el escritorio de Molusco, dó ahora escribo, y si a nadie le interesa esto pues lo siento, pues muy bien. Quiero ser Molusco, dirigida por Tobías Chalupa, en los mejores cines.

Me temo que hoy tengo muchas ganas de escribir, pero quizá poco que contar. Extraña frustración.

Podría, quizás, forzando un poco, dar algún detalle costumbrista, algún hiperlocalismo suelto. Como que me he encontrado a la que fue mi óptica, cuyo nombre he acertado a dar tras un intento fallido, empleando el método del ensayo-error. "Teresa"..., "¡Myriam!". Debo decir, modestia aparte, que a diferencia de buena parte de la población, soy muy bueno para los nombres. Pese a llevar gafas desde hace cinco años y no requerir de sus servicios de lentillas, me acordaba de su nombre, y no sólo del nombre, sino también de esa y griega personalísima incrustada en el mYriam.

Me he acordado después de algo que ha dicho mi hermano, sobre la posibilidad de instaurar un sistema para agilizar el tránsito por las calles de la ciudad de provincia. Y no tiene nada que ver con el párrafo anterior, pero es cierto que en el microcosmos de un espacio como Pamplona los encuentros son frecuentes y no son ganas de no-saludar, sino un deseo de llegar al destino en el menor tiempo posible. Decía mi hermano de crear la tarjeta de "no-te-paro-a-saludar-pero-me-caes-bien" y así facilitar, sin caer en malentedidos, una circulación más eficaz y fluida por, digamos, el Segundo Ensanche.

Porque una cosa es el encuentro, que a veces es grato y otras menos, y otra el concepto visita, del que hablaremos otro día. O los espontáneos encuentros programados. A veces nos apetece que nos encuentren, otras menos. Por eso, las Hormigas, los Bandidos, para dejarte caer y, con suerte, ser encontrado.

7 comentarios :

  1. La hormiga atómica es un nombre muy feo. Me recuerda a La Burbuja que ríe, ese restaurante de La Latina. No me gustan los nombre completos y menos aún en locales. Es como ponerle a tu hijo Pedro Luis.

    Vuelve pronto a Madrid!

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  2. Pedro Luis es un nombre compuesto. No se triunfa con nombres compuestos. No se trata de triunfar, la verdad pero no me gusta el nombre de Pedro Luis.

    La H. Mira que es fea esa mayúscula. Qué mal la parieron.

    Volveré también.

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  3. Gracias por mantenerme el teclado caliente.

    Me apunto a lo de la tarjeta y añado otra que a ti no te hace falta: "No-me-acuerdo-de tu-nombre-pero-me-caes-bien", y ya que estamos la de "me-paro-a-saludar-y-me-acuerdo-de-tu-nombre-pero-me-caes-mal", que coño!!

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  4. Contenedor amarillo17 de febrero de 2009, 6:50

    Coño, está bien esto de darse cuenta de la pequeña intrahistoria de cómo se crea un post porque el que leí ayer (en el que no me salían los comentarios porque supongo que andabas enredando) es algo diferente al que leo ahora.

    ¿Y si pones algún día todo el proceso completo, como cuando hacíamos una división con lápiz y papel,con la caja, para ver de dónde van cayendo todos los númeors, y con el resto subrayado por un semicírculo?

    Una nueva librería y yo sin enterarme. ¿Dónde está?

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  5. No tiene nada que ver, pero siempre me he preguntado cómo es posible que algunas personas sean capaces de ver mínimos cambios en los edificios y objetos inanimados de la calle, pero sean tan despistados que no vean a los conocidos, les caigan bien o mal, por la calle. "Es que voy a lo mío", dicen, pero aunque no ven a su amigo al cruzarse con él, sí el nuevo extintor que se ha colocado...

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