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Ya solucioné mis desarreglos con WordPress. Pero demasiado tarde. Anthony y Sheri, a través de la página de Automattic, me ayudaron, en fluido inglés, a poder acceder a un blog que era legítimamente mío pero que me denegaba la entrada. Ahora puedo entrar a mis anchas, tengo de nuevo las llaves, pero nada que hacer ahí. Es un piso vacío, si alguien le interesa se lo alquilo. De todas formas, creo que gané, definitivamente, con la mudanza. Blogger tiene más ventajas que WordPress y un día, si me animo, puede que hasta las enumere por escrito.

Aproveché para certificar la bajada en las visitas; parecía la cotización de Fórum Filatélico tras destaparse el piramidal timo. Esto de las visitas tiene su gracia, hoy he descubierto una entrada desde el Gobierno de Navarra e imagino a algún funcionario foral colándose en esta isla, con su café con leche funcionarial, después de la hora del pintxico y antes de la hora del aperitivo o marianito (odio esa palabra). También hay un nuevo lector parisino, visitas desde Bélgica (Brussels Hoofdstedelijk Gewest), Suecia, Berlín, ah, y Alsasua. Ese lector fiel de Alsasua, óle.

Hoy es 13 de febrero, viernes 13 de febrero. Ayer hacía doscientos años del nacimiento de Darwin, 25 de la muerte de Cortázar, y se celebraba el también doscientos aniversario del nacimiento de Abraham Lincoln. Hoy se cumplen 172 años del suicidio de Larra, que se pegó un tiro siendo ya legendario con tan solo 28 años. Más de uno se podría suicidar ahora, que el mundo seguiría girando.

También hoy sale a la venta, aunque creo que también fue ayer, Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, editado por Alberto Olmos. Lo leí hace ya unos días y me suscitó algunas sensaciones que voy a comentar aquí. Pensé dedicar un post al respecto, pero no lo veo claro con estos nuevos bríos que está tomando este blog. Ya lo hice, además, hace poco.

Es un libro que me gustó leer, y esto no es fácil decir de muchos libros. Es un libro muy regalable, de hecho se lo pienso regalar hoy a Bro, que nació hace 25 años; espero que no lea este post antes de que se lo entregue, aunque reconoce que hace tiempo que no se pasa por aquí. Un libro para regalar y quedar estupendamente, porque es un libro original, un concepto nuevo de edición, que da aire fresco a las propuestas editoriales, sin ser una idea alambicada y pseudogenialoide. Una idea que estaba en el aire y que alguien tenía que haber sacado a flote. Pienso ahora en otras obras que también quieren ofrecer su punto de dinamismo creativo, como Otro final, que acaban de sacar los de 451 Editores, con Manuel Hidalgo y Amparo Serrano de Haro inventando otros finales para quince pelis famosas. Pues muy bien, pero no me compraría nunca ese libro, deudor del talento de otros al que se quiere dar la vuelta con, me temo, bastante menos talento. (Se presenta el día 18, a las 12.30h, en la Filmoteca, por si alguien le apetece.)

Pensé en titular ese post que se subsume en estas líneas, el dedicado a Algunas ideas... como Fast food literario del bueno. La literatura es un arte complejo, al que parece que le cuesta aligerarse. La música lo consiguió con el rock y se convirtió en un fenómeno de masas, pero no sé por qué, con los libros no pasa. No se lee masivamente. Falta de tiempo, dicen algunos, me aburro, dicen otros. Hay una revolución pendiente en la literatura. El día en que los poppys de Malasaña confiesen que leen masivamente, y hablen tanto de libros como de grupos coñazo, entonces habrá culminado esa revolución pendiente. Mientras estén más preocupados de la cartelera de conciertos de la esquina de la FNAC, serán necesarios muchos más libros como el de Olmos.

Fue Flannery O'Connor (citemos un poco), la que dijo que, si el público esta ciego, había que escribir con letras grandes, que si estaba sordo, había que gritar. Este libro, pues, tiene letras grandes y bastantes gritos. Pero no es chirriante ni estridente. Es buen fast food, fast good, y ese puede ser un buen modo de entrada en el mundolibri. Porque de los porros se pasa a la coca, decían las profesoras de reli, y de Olmos se puede pasar a Faulkner, y eso es bueno. ¿Por qué es bueno leer a Faulkner? Pues no pienso responder a esa pregunta.

Todos tenemos hambre, a menudo, de cierta comida rápida. No podemos ser sublimes sin interrupción, ya sabéis. Hay domingos en que apetece ver películas como Bienvenido al norte, después de haberse metido un menú XXL de hamburguesas adictivas con extra de esto y aquello. No toda la comida tiene que alimentar, como lo hace Faulkner, también hay comida de supervivencia y placer. Comida de saciarse, que no es poco. Más si además está rica y entra fácil.

Decía Unai Elorriaga, gran lector de Faulkner y, además, amante del jazz, que leer ciertos libros tenía algo de esfuerzo, de esfuerzo satisfactorio, como escalar una montaña. Llegar a la cima y ver el camino recorrido con sudor y lágrimas, la mejor recompensa. Y eso que él había escrito Un tranvía en SP (SP, Shisa Pagma es uno de esos picos de más de ocho mil metro, un ochomil), como queriendo llegar a la cima tan ricamente sentado. Uno de los méritos, pues, de leer a Faulkner reside en eso que dice Unai: en esa cosa de superación de las dificultades, de conquista, de pequeña empresita personal que uno vence. Como leer uno de estos post, qué coño. Si has llegado hasta aquí, escribe ¡Modigliani! en el apartado de comentarios. Envío un ejemplar de postales del náufrago digital al primero que lo haga. Y va en serio.

Pero a veces no estamos conquistadores, nos apetece ver Telecinco. Creo en la literatura como zápping, debe haber documentales de La2 y Ruleta de la fortuna y La Noria. Así lo tenemos que entender quienes creemos en esa revolución pendiente, que es la de coger un libro, de papel, con sus tapas y guardas de respeto, y sentarse a leerlo. Masivamente.

Comentarios

  1. Contenedor amarillo13 de febrero de 2009, 16:12

    Modigliani!!!! (santa maria o ya tiene el libro o no ha llegado jujuju...).

    Desdues de Roth (que me da que está ídem), llego a la conclusión de ue me gusta mucho como escribe pero no lo que escribe. Conslusión: ser un viejo y estar enfermo es lo puto peor, sobre todo cuando eres un puto viejo y estás enfermo.

    Tenía por ahí un libro que me regalaron hace tiempo y que no lo leía porque está escrito con más ripios que la madre que lo parió, aún intuyendo que la historia seguro que merece la pena para desconectar un poco el pensamiento y meterse en una peli como de acción sin salir del sofá y en pijama, de esas de palomitas y bolsazo de gominolas, de las de decir tomaaaaa!!!, vaya.
    "El documento Saldaña" de un tal Pedro de Paz.

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  2. Santamaría, supongo que sabrá que su apellido es completamente literario, acabo de caer. La ciudad imaginaria de Onetti, Santa María. Como la de Faulkner (el creador de esta cosa de las ciudades), y su Yokapatawalkhahaka, Gabo con Macondo, Díez con Celama, Benet con Región y así hasta que cada uno nos creemos nuestro propio planeta imaginario.

    Contenedor Amarillo, has sido el ganador de este micro-concurso!! Enhorabuena. Endóseme su dirección postal por las vías pertinentes y en breves días tendrá usted un ejemplar de postales del náufrago digital firmado y todo por su afamado autor.

    Bravo.

    *A Pedro de Paz lo he encontrado alguna vez en el blog de Rafael Reig, es un tipo así barojiano, de barrio periférico, que un día se hizo culto y literastro.

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  3. Santamaría, a Vd. no le ha tocado el premio porque ha incumplido una de las bases básicas (como todas las bases) del concurso. Siéntolo, habrá más oportunidades.

    Además, creo que recordar qeu fue Vd. quien encargó seis ejemplares, seis, del libro citado.

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  4. ah, ¿entonces el premio está vacante?

    ¡Modigliani!

    creo que he ganado, yo, eh, que había que ponerlo así... es que a contenedor le falta un signo de admiración,

    ¿he ganado?

    bueno, si no he ganado no importa, porque lo que hay en ese libro lo he leído en directo, aquí y allí,

    ¡ya ha llegado la primavera!
    ¡ya soy feliz otra vez!

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  5. y le faltan también la cursiva al contenedor

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  6. vamos que el concurso estaba amañado, ¿no?

    no me importa, porque ¡ya ha llegado la primavera!, no quiero libros,

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  7. Ed, interrumpo tan sustancioso debate para preguntarte: Supongo que sabes lo que, abecedario mediante, estás haciendo ¿no? Le irás buscando título y editor ¿no?

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  8. Angel-Tinglado: de la A a la Z hay que diver es leer.
    Un abrazo.

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