D

ABCD. De las letras y las artes. Ya he formado el acróstico del suplemento cultural yo creo más interesante de la prensa española. Contración: aquí. También me fijé ayer, en el archivo de los post o postes aquí publicados, y formaba estas composición:

C
B
A.

Como el Círculo de Bellas Artes, vaya, en el que comeré mañana con Cotión Durruti, y perdone Jordi Santamaría por esta yoez. Círculo de Bellas Artes, CBA, como un abecé al revés, como un desorden ordenado, la antítesis de ese diario recto y centenario. Y rima: centediario.

Entra una luz cegadora, que diría Silvio, por la ventana, luz de cuatro de la tarde. Luz de febrero, por la tarde. Queda mal. Luz de noviembre, por la tarde, sí. En Pamplona y alrededores los ríos desbordados, Rochapea empantanada y aquí un sol arrogante y español, que canta Christina Rosenvinge. Quizá haga falta sol para la cohesión española; los partidos constitucionalistas vascos deberían organizar un sistema que ampliara la luz solar en Euskadi (pronúnciese Ushhcadi), y así españolizar al votante separatistón. La lluvia pertinaz, el jarrea, jarrea, que cantaba el txiki-txiki euskaldún, genera, a la larga, una inquietud espiritual que en pueblos como el vasco se traduce en un deseo de hacer patria, de deshacer patria, de no quedarse quietos. Y esto no lo digo yo, quita, lo leí en un sesudo volumen de Ramiro Torcuato de Osuna, intitulado De la influencia sociopolítica del sirimiri en las Vascongadas, Éibar, 1978.

Es coña.

Tengo a mi vera a Patxi López, completamente tuneado por el photoshop, en una propaganda electoral. Sus ojos recuerdan a las límpidas aguas del nacedero del río Urederra, a cascadas de paraíso suizo. Tiene un aire, parecido razonable, a Eduardo Madina, un tipo admirable de la política vasca, al que el terrorismo le voló la pierna. Me dice Carmen por mail que no me exponga mucho en los textos y lo entiendo como consejo de tintes maternosos, pero me rebelo. A veces hay que exponerse. Me gusta Patxi López o me disgusta bastante menos que ese Ibarretxe pasado de vueltas. Un López que se obamaniza, con el eslógan copieteado de 'Motivos para el cambio'. A ver si cuela.

Una vez me colé en un piso de Deusto, Bilbao, para hablar con un viejillo que había sido amigo de Blas de Otero. Gregorio San Juan, creo que se llamaba. Voy a comprobarlo en Google y me entero, ahora mismo, de que murió, hace ya tiempo, en 2006. Copio y pego de El País:

Antes de morir, Gregorio San Juan concedía entrevistas en su lecho de dolor (y no es una metáfora) haciendo honor a su condición de agente y agitador literario.
Pues sí, a mi también me acogió en su habitación densa de enfermedad, y venía de sufrir un ictus o un derrame, un algo serio, y apenas podía abrir media boca, para hablar. De daba igual mostrar ese aspecto quizá indigno, con babas espesas, estaba enfermo, moriría al año, pero no morían un sentimiento de dignidad, una elegancia intelectual, de esas que en el País Vasco se oyen como menos. Era un Marsé en Cataluña, al que hace poco oí lamentarse de su ninguneo institucional, "como hacían con Vázquez Montalbán". Así son los nacionalismos, apuestan por algo y por no otra cosa. Y tienen que ser coherentes, claro. Un nacionalismo va en una dirección, podrá premiar en un momento dado a un escritor ajeno a la causa, pero será una excentricidad programática bien estudiada.

Este Gregorio me habló de Blas de Otero, pero no recuerdo muy bien qué dijo. Me impactó más su entereza de enfermo y por sus comentarios, resignados, me trasladó su vitalicia sensación de extranjero en casa, de palentino mal recibido, de agitador cultural con las alas cortadas en el feudo peneuvista. Me dijo algo apocalíptico, oscuro, en esta tarde de marzo, sábado, de 2005: "Pero, claro, aquí nunca cambiará nada".

Y no sé cómo he acabado hablando de política. Creo que el espoleo de Santamaría (véanse comentarios en A) me ha forzado, tan débil de carácter soy, a ponerme serio, grave, casi adulto. Se lo haré pagar en mojitos. Me ha dado pena, la verdad, enterarme, así por la prensa, de la muerte de este poeta que trabajó en la banca, pero que desprendía un gran kitsch casi comunista. Escribió unos poemas, que guardo por ahí, en papel, dedicados a los miles de oficios de los currantes de los altos hornos y demás fundiciones. Homenaje a esa gente noble que rodea y atraviesa ciudades como Bilbao, aunque el bilbaíno de bien haga como que no existe.

Yo al bilbaíno de bien le diría que tuviera, el 1 de marzo, endrinas para el cambio.

Comentarios

  1. Me temo, señor Laporte, que la frase apocaliptica cobra fuerza. La intención de voto está clara.
    Es necesario un cambio abismal, es necesaria la contrarrevolución que rechace el fascismo de los NAZIonalismos.
    Muy valiente su post. En este país, incluido el vasco, todo lo que sea posicionarse en contra de determinadas situaciones, ideales o qué sé yo empieza a ser cosa de valientes, tristemente. Dónde la Libertad, Libertad que cantaba Jarcha...
    Salut.

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  2. Esta no esperaré a ser rico para leérmelo, sino a cuando tenga más tiempo, porque la d me gusta más.

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  3. Contenedor amarillo13 de febrero de 2009, 7:56

    A mi los políticos profesionales como Patxi Lopez (como Patxi Lopez y como casi todos) me caen mal.

    - ¿Usted qué es?
    - Político.
    - No, no... digo qué es, no a qué se dedica.
    - Yo es que siempre he sido político, como mi mujer.
    - Ya, pero entonces, ¿si dejara de serlo qué sería?
    - Parado.

    A mi quien me gusta es UPyD, por la novedad y por los modos. Casi todos son algo y por eso han caído en política... que no al reves. Mientras me decepcionan, que tiempo habrá, me encanta escuchar las reflexiones de sus intengrantes porque tienen algo que decir al ciudadano y no al jefe del partido para que los mantenga en las listas que les dan de comer. No veo a Savater arrastrándose como Patxi López lo ha hecho por no perder el favor del caudillo.

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  4. Contenedor amarillo13 de febrero de 2009, 8:39

    Estaba dándole vueltas al anterior comentario (y al café) y pienso que si tenemos que soportar a esta clase política, que a lo único que se ha dedicado es a lamer la bota de su superior inmediato para ascender en el partido, que al menos tenga que pasar una oposición, como todo cristo que quiera mamar de la teta del estado, ya que por sus méritos propios jamás pasarían de aspirante a ordenanza de biblioteca.

    Llegado a este punto, y para dejar constancia de la hipocresía que acompaña a la política, me gusta recordar que el presidente del PSE-PSOE, Jesús Eguiguren, fue condenado por violencia de género, doméstica, machista o como quieran llamar al hecho de hostiar a su mujer... y ahí sigue el gachó, mandando.

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