A

¿Qué pasaría si una vez escribiera un post largo, un macropost, un antipódico nanopost, sin morderme los dedos digitales, jugando un poco con esa cosa automática del hilar ideas y fusionando ese tipo de proto-posts que no llegan a la categoría de tales pero que también ansían, cual espermatozoides nietzschianos, su poquito de vida y atención? Sé que a más de uno/a esta posibilidad le puede tocar sus santas partes, soy consciente.

Me encuentro en cierta fase experimental, el blog se me queda corto, los post o posts piden paso y pienso en Carlos y sus quejíos sobre ritmos trepidantes. Hablo del Carlos que compra el Babelia el sábado y lo va leyendo a cachitos durante el resto de la semana. Lo siento, Carlos, ya tienes bastante con esa penitencia que te has autoimpuesto, yo te eximo de esta obligación bloguil.

Sé de alguien al que se le secó el cerebro de leer tantos blogs. Aunque aún no lo conozco.

No temáis, no pretendo emular a Hikikimori. No habrá una serie de los unos, los doses, los treses y los cuátroses, ni una regularidad regular. Yo quiero ser John Malkovich, no Alberto Olmos. El John Malkovich que quiere ser John Malkovich, quicir: tengo que ver esa peli de una vez. Quiero ser el espectador de esa película. Pero sí, es cierto, no puedo evitar sentirme en la piel del Hikiko, aquí, pariendo ideas como panes. Sólo me faltaría introducir expresiones como 'Mi cantarina casera' y decir las marcas al revés. A mi lado tengo una tableta de chocolate Tdnil y unas galletas Aíram. A mi doPi se le acabó la batería pero suena en el ordenador Detener el tiempo, de Nacho Vegas. Ya no fumo, así que prescindo de un tema fecundo y facundo, el de la descripción de las volutas del humo de las que un amigo, Holzer, veía la demostración empírica del determinismo y la ausencia de libertad.

Llamaré a esta serie A, como el musical de Nacho Cano. Pero luego habrá un B y un C y un D y así hasta que acabe el abecedario. Cuando éste se me agote, digo, vendrán los AB, AC, AD, AE, AF... Y BA, BB, BC... y DA, DB, DC, DD... y AAA, AAB, AAC, AAD, AAE... hasta que muera. Sí, será un Post en marcha, como la novela en marcha de la vida de Trapiello, un Macropost, un conato de En busca del tiempo perdido, un proyecto nacido para no ser terminado, una obra inconclusa desde sus comienzos, un ya iremos viendo.

Y ese ir viendo me dice que acabe aquí este post que no ha quedado tan macro, ciertamente, y eso que tenía ganas de poner bastantes cosas por escrito. Colocaré antes una cita, en plan colofón, de Virginia Woolf, dicha por Amélie Nothomb y que ahora escupo yo: "Nada sucede hasta que lo ponemos por escrito".

Comentarios

  1. No pasaría nada. En realidad, recuperarías una manera de hacer escritura muy propia del siglo XIX. Todo lo que no es tradición, es plagio (E. d'Ors)

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  2. "Oh, sí, creo que entre los 50 y 60 escribiré algunos libros muy singulares, si estoy viva. Quiero decir que creo que voy a encarnar, por fin, las formas exactas que retiene mi cerebro", por seguir citando a Virginia Woolf.

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  3. Un ritmo para el lector tipo VilaMatas-Olmos-Sir Alsen Bert, como el que parece ir adoptando irremediablamente en esta serie inagurada, que se basa en filtrar menos lo ideado, ritmo rápido y des-preocupado, poner un aluvión de realidades fronterizas a uno que le rodean al escribir, y pasarse en yoeces, descripción de las axilas de uno, pelos culturales que le salen e ideas sietemesinas que no sobreviven... a mí no me atraen vaya, y podría ser que Laporte se haya disfrazado de mona con los labios pintados y me pueda resultar bien fea la estampa (ya sabe que le tengo en alto estante y mi crítica siempre es desde el aprecio).
    Contrariamente, Francisco Umbral escribía al día el doble o triple que ellos, y sus escritos no padecían esa bajuna de yoeces, frases vulgares, realidades que no van a ningún sitio en unas crónicas de batín y pijama desaliñadas y plenamente arbitrarias. Umbral demuestra que se puede escribir mucho y con brillantez casi siempre, que no hay una cara B, que en verdad es C o D, para según qué situaciones. Y si no sale la A, más que pocas veces, se lo tendrían que mirar.
    Me parece que a usted le resultará más reto parecerse a Umbral que no a Alberto Olmos, sea en novela, columna-o-blog, que casi es lo mismo. Haya lectores de periódicos, o pocos lectores cibernéticos. E intentar llegar a registros y cotas de calidad umbralescas sí que es un reto. Quizá es una cuestión de autoexigencia, de la cual usted ha hablado alguna vez ante loas mías o de otros. Y a mi parecer, hace algún tiempo apostaría que esa autoexigencia ha bajado. Es mi opinión. Como también que estos textos, o la temática de los más cortos de antes, me recuerdan más a A. Olmos que no a F. Umbral o similares.

    Y aquí mi parecer franco, un poco en borbotón, callado hace algún tiempo y que como tenemos contacto más allá del blog, charlaremos con la calma y contexto precisos. Y repito que lo hago como admirador, como "fan" que compró 6 ejemplares suyos para regalar a amigos. Y reconociendo miserias propias en mi escritura, abierto también a sus críticas (para empezar yo ya escribo poco, me paso de moralizante, mi léxico es bien parcial, etc, etc blabla). Un abrazo!

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  4. Tras releerlos, queda claro que usted escribe mejor que el tal A. Olmos. Y que la propia sensatez le hace ser infiel a esa idea de macropost exagerado que no interesa al más pintado, a menos que haya la misma calidad en post largo o post corto.
    Nunca hay que perder la sensatez, enhorabuena.

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  5. Estimado Jordi, lea Vd. 'Un ser de lejanías' y vuelva a comentar. Verá ahí de las yoeces que es capaz de soltar el amigo Umbral. Y no diré más. Sólo una cita de su amigo Niezsche, que posteriores guruses han hecho suya: "Qué dice tu conciencias. Llega a ser el que eres".

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  6. Pillé un bizarro "Mis queridos monstruos" de entrevistas de Umbral. Me haré con Un ser de lejanías, hay que ser falibilista como Popper. Disculpe mi virulento despertar :)

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