El mutismo de Roberto

El otro día, cuando pensaba en la libertad necesaria para los pájaros del mundo, se me vino a la cabeza un loro viejo y malencarado que tienen encerrado en una taberna. Es una taberna del barrio y solemos ir de vez en cuando.

El loro es de ver, por su verde mango venido a menos, y su plumaje raido, seco como las hojas de una palmera seca. Hay que reconocer que da prestancia al local, Casa do compañeiro, regentado por una pareja de lucenses que llevan medio siglo ahí metidicos. Sí, es curioso, porque uno hace sus cosas, juega una partida de Scatergories en el Red Bar, se compra un burrito en el 24 horas, ve una peli en la pza de los Cubos, se toma un Tazo Chai Te Latte en la multinacional del café, practica el amor con su novia, se va de cañas, vuelve, va, viene... y ellos siguen allí. En su propia jaula con lacón y pimientos del padrón, eunos pican e otrosh nhon. Alguien debería liberarles a ellos, y después al pajarraco.

Total que hoy me he detenido en un escaparatillo que tienen y he leído una plaquita. En efecto, llevan ahí como cuarenta años, lo dice, y se habla también del loro, Roberto, de 33 años. Que ya serán 40, porque dudo que esa placa esté actualizada (las cosas reales son así).

Y decía la placa (joder, no puedo evitar no enrollarme, ya van cuatro joíos párrafos) que el tal loro Roberto vino de Venezuela. Y que en la fértil Venezuela el plumas hablaba, pero que fue llegar a España y cerrar el pico. Literalmente. "Por cuestiones de idioma no sería, indudablemente", concluye, irónico, el textito.

¿Qué le habría pasado a Roberto para jurar ese voto de silencio?

*Como véis, mis últimos post son todos preguntas, debo de estar en una fase interrogativa o algo así. Busco preguntas, en vez de respuestas.

Comentarios

  1. Pienso que el loro dejó de hablar porque se niega a ser la atracción de un local sin gracia. Los dueños, a su vez, se niegan a dejar el negocio hasta que el loro hable, que para eso lo trajeron. Por eso los parroquianos hacen de todo en otro lado, pero siguen llegando, no a comer, ni a beber, ellos solo tienen la esperanza que el loro diga algo.

    Salú pue.

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  2. El loro no habla, pero se queja. En verano, cuando dejo las ventanas abiertas, lo oigo chillar como una puta. Por tanto, el loro tiene algo que decir.

    Una vez fui al bar a verlo y no estaba. Le pregunté a la gallega, quien ya me conoce de tanto darle por culo para que apriete el botoncito del tabaco, y me dijo que estaba de vacaciones en su país.

    Luego fui a un bar de la siguiente manzana y allí lo vi, colgado de su jaula. No entiendo nada, pero ese loro tiene algo, como el loro de Flaubert. La gallega también tiene algo.

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  3. El día que fui, el loro estaba dormido, (solo le vimos una pluma de cola debajo del capuchón de su jaula) así que no me resultó raro que no dijese ni pío y, ahora que lo pienso, en realidad nunca he visto a un loro hablar (aunque no dudo de que los haya, of course...) pero a los “míos” siempre les pasaba algo: o nunca aprendieron, o enfermaron, o simplemente es día no tenían ganas. Imagino que este loro barnesiano solo hablaría para quien tuviera algo a quien decir y, muy probablemente, ese alguien se quedó en Venezuela.

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  4. ¿Barnesiano? ¿Bar-nesiano? ¿Barnes-iano? Gran juego de palabras Carlos. Acaba de dar Vd. un caché repentino a todo el blog con ese magnífico jeu de mots.

    Johan, Violetera (¡¡¡feliz cumpleaños!!!), gracias por tus vuestras enjundiosas aportaciones.

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  5. Vienen muchos jugadores de fútbol sudamericanos que gorjeaban y silbaban en sus países, pero al arribar a España se unen al mutismo expresivo y parecen que chutan con la uña.
    A mí también me pasa a mi manera al volver de Costa Rica.
    Tener que ir con plumas y nariz colorada de frío, viendo a gente con malas caras en un tren subterráneo, y admirando palmeras y vergeles sólo en el jardín botánico... se debe parecer al mini-enfierno del loraco, de espíritu de la selva a monito de circo castizo entre pimientos de padrón.

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  6. Es cierto, yo también haría voto de silencio.

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  7. --Yo también me apunto a la reflexión de Carlos: al loro le falta el amor que se quedó en venezuela...
    El silencio también habla.

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  8. Jajajaja... Bar-nesiano, evidentemente. Pero el mérito, obviamente, no es mio, sino de la Sta. Violetera con su cita; sobre las que, por cierto, anda últimamente mu afiná...

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