14.9.14

14S

El ajedrez debería ser una asignatura obligatoria en las escuelas.

13.9.14

13S

La conversación como un partido de tenis a dos en que alguna bola sale fuera de la cancha. La sensación áspera cuando eso pasa. No se trata de ganar al contrincante, porque en realidad es un aliado, sino de mantener las pelotas en el área de juego.

12.9.14

12S

Veo, antes de acostarme, un vídeo de cuatro minutos sobre la Diada. Músicas esenciales, mareas humanas, senyeras y esteladas (la roja dicen que es la comunista, y la azul la nacionalista democrática, aunque hay varias versiones sobre el particular). Avanzan por la Diagonal y la Gran Via de les Corts como si CiU y no la ANC hubiera diseñado ese recorrido: en plan convergencia y unión. Veo una estética en esa V gigante (de votar y de victoria) un planteamiento fascista, y cuando digo fascista pido un esfuerzo al lector para limpiar de connotaciones agresivas ese término y pensar en la parte que tiene que ver con sus proyectos urbanísticos (véase la película española Surcos, de 1951). Digo fascista también en su sentido totalitario, de propaganda destinada a las masas, de masas que obedecen y, ojo, actúan como una maquinaria perfecta, sin salirse del guión, en arreglo a esa estética limpia, pura y moderna que perseguían los fascistas, muy ligados estéticamente a los avances del racionalismo. Un fascismo que, al menos en la Italia de Mussolini, se forjaba ideológicamente con lemas como este:

El pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. 

Y esto lo digo tras leer la columna de Javier Pérez Andújar sobre la Diada, de elocuente título: Parque temático del independentismo. Se sorprende el autor de lo bien organizado que está todo y de la ausencia de elementos espontáneos, una pancarta, un cartel, que rompan esa estética que ahora podríamos llamar comunista, porque en la expresión de su poderío tanto fascismo como comunismo, con sus desfiles impecables, se parecieron, así como por sus filias arquitectónicas, con las raíces clavadas quizá en un Le Corbusier y sus unidades de habitación.
"Más impactante aún que el recorrido de la V, era que apenas se veía en las calles una persona que no fuese vestida de rojo o amarillo, y tal uniformidad la hacía parecer una ciudad en la que no valía la pena salir a la calle si no era para opinar lo mismo que todos".  (Pérez Andújar) 

¿Cuál es el origen de las ideologías? ¿Cuánta su legitimidad? ¿Cuánto de dirigismo y de efectos de la propaganda hay en las acciones de un pueblo, catalán en este caso? Visto desde fuera, desde el video de cuatro minutos, genera una sensación de extrañeza, como si no fuera real ver a tanta gente pidiendo lo mismo a la vez, en una orquesta tan bien dirigida que nos rechinara.


Foto tomada de 'El País'

11.9.14

11S

A veces, cuando voy a pasar por un trance que no me apetece, una decisión difícil, el pinchazo en el médico, la espera de los resultados de un análisis, me retrotraigo a la infancia y recuerdo cómo de pequeños superábamos constantemente pruebas desagradables. Por eso, entre otras cosas, recordamos con agrado la infancia, porque fue la época en que nos sobrepusimos a los pequeños retos que nos iban surgiendo. El primer día de clase, la primera vez que hablamos en público, el primer dentista, la primera pelea, el primer choque victorioso con la autoridad, en forma de padres o profesores. Me pregunto si en mi madurez he ido creando una zona de confort que en realidad fuera antinatural y me alejara de esa felicidad que no esquiva el riesgo ni lo peligroso. Me pregunto también si a veces busco, buscamos, lo peligroso, el riesgo, el abandono temporal de la zona de confort para volver precisamente a esa infancia feliz o que recordamos como feliz. 

10.9.14

10S

Siempre pensé que los edificios de mi ciudad natal del norte eran lo más ramplón que te pudieras echar a la cara. Una cosa formal, aburrida, estándar, convencional, gris. Pero hubo un momento en que fueron revolucionarios, modernos, audaces, rompedores, transgresores. Pensemos en la obra de Fernando Redón, que ya en los años cuarenta proyectó inmuebles en Pamplona como Las Hiedras o pensemos también en ese edificio del paseo de Sarasate, obra de Joaquín Zarranz*, que por cierto contemplé durante 25 años desde mi ventana de infancia y juventud. 

Hay toda una generación, la tardofranquista y la posterior, la mía, que recibió ese paisaje urbano como algo impuesto y asimilado, desprovisto del carácter atrevido que en su día habría torcido el gesto de la población más conservadora. En nuestras cabezas, la de la anterior generación y la mía, se coció una cierta sensación de convencionalismo, de que todo estaba hecho, de que recibíamos un mundo ya terminado. Para qué hacer nada.



Edificio preguerra civil en paseo de Sarasate, Pamplona.


*Que murió en el frente (imagino que nacional) al comienzo de la guerra
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