29.7.15

Vocación

El 12 de noviembre de 1851, un joven de 23 años llamado Lev Tolstói escribía estas líneas a su tía, desde un pueblo del Cáucaso: 
¿Se acuerda, mi bienamada tía, de que hace mucho tiempo me aconsejó que escribiera novelas? Pues bien, estoy siguiendo su consejo y las ocupaciones de las que le hablo son literarias. No sé si lo que escribo se publicará alguna vez, pero es un trabajo que me entretiene y en el que he perseverado desde hace demasiado tiempo como para abandonarlo".

Lev Tolstói, Correspondencia, Acantilado, 2008

27.7.15

Montparnasse

Acabo de ver 'Violette', sobre esa Violette Leduc, muy amiga de Simone de Beauvoir, que no sabemos por qué no tomó en algún momento el titulo de "la Virginia Woolf" francesa, a no ser de porque era una escritora floja, o a saber por qué, pero ahí está, olvidada. De Beauvoir la protegió y hasta se las apañó para pasarle una pensión de 25.000 francos mensuales durante un tiempo, cantidad que no nos dice nada porque en el cine nunca a nadie se le ocurre poner una referencia de cuánto es un franco en esos años. Bastaría con que fueran a un bar y pidieran dos cafés y el camarero dijera: 10 francos. 

Me acordé de mi visita al cementerio de Montparnasse en el julio de 1999. Y de ver la tumba de Julio Cortázar, si no recuerdo mal, y la de Samuel Beckett si tampoco recuerdo mal. Pero de la que sí me acuerdo es de las de Simone de Beauvoir y la de Jean Paul Sartre, que estaban juntas y desvencijadas, como toda tumba que se precie, pero juntas al fin y al cabo. 

Al ver al personaje de Simone de Beauvoir en la peli, escritora de la que no he leído nada pero a la que ahora me gustaría leer ('Los mandarines', Gallimard), me acordé de su tumba. Y a pesar de no haber tenido ese contacto íntimo que da la lectura del libro de alguien, me sentí attaché a ella por saber dónde estaban sus restos mortales. La vida es caos, la muerte es olvido, caos, insustancia. La tumba es eternidad, presente, piedra, rotunda, un bien inmueble que nos coloca en el mundo, quieticos para siempre. Quizá vaya siendo hora de recuperar la tumba propia. Quizá alguien, ¿Manuela Carmena?, tenga que inventar el cementerio moderno.

26.7.15

Despensa

Pensaba en la aparición de una desgracia que viene para quedarse, un impedimento, una insuficiencia respiratoria, una putada física que marca un antes y un después y te limita el futuro. Asumir que uno no podrá, digamos, bailar más. Volverse entonces al pasado y paladear todos aquellos días felices como un bien que ahora cobra todo su sentido; a sabiendas de que la memoria es selectiva, y que con el paso del tiempo solo se recordará lo bueno, mereció entonces la pena haber pasado también por lo malo, camuflado ahora por la memoria, pero que también existió aunque quede feo traerlo a un primer plano.

23.7.15

Vestuarios

En las piscinas, en los centro polideportivos multifuncionales, de las grandes ciudades, ya sean animosas como Madrid, reina un silencio posmoderno. Un silencio de soledades y de nodos humanos que no se tocan en esa red quizá fracasada que es toda gran ciudad. Qué distintos de los vestuarios de provincias, en donde siempre hay un par de viejos en pelotas haciendo chascarrillos que escuchan el resto de los concurrentes con cierta curiosidad de cotorra de toda la vida. 

Hay que volver al club. A las grandes ciudades les faltan clubes, sociedades, todo se desparrama y el silencio de los vestuarios se oye demasiado. Un club hípster tendría éxito. Vetada la entrada a chonis. Y a Groucho Marx.

19.7.15

Componer

El sábado 18 de julio de 2015 terminé de componer mi primera canción. Tenía ya el estribillo, que también completé, y añadí luego esa parte de las estrofas. Está dedicada a Giordano Bruno, que ardió en las llamas por pensar demasiado, y además expresar sus pensamientos. Murió un 17 de febrero de 1600, cuatrocientos años antes, extrañas casualidades, que mi madre. 

Quizá el secreto de la música, el arte de la composición, sea ir en dirección contraria a la creación literaria, tan regida por el hemisferio izquierdo y sus limitaciones. Ir a lo sencillo. Evitar la ramificación, la adenda creativa, ser un sedentario, digamos, del acorde, y construir a partir de ese asentamiento la música. Puede que yo escapara, buscara demasiado lejos cuando la fuente estaba mucho más cerca. 

Puede que la literatura también sea eso, quedarse en el misterio, en lo desconocido, y pulsar el alma.
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