13.12.14

El libro peor editado del mundo

Hace unos meses cayó en mis manos un libro y pensé: «Vaya, es el libro peor editado que jamás he visto». Analizando sus debilidades, descubrí cómo las cosas mal hechas nos enseñan por qué las cosas bien hechas están bien hechas, y cómo el desdén, por ignorancia o desidia, hacia ciertas normas en principio básicas, puede generar un pequeño truño, en este caso, editorial, paradigma de lo que no hay que hacer. 

La portada es de lo mejor del libro que a continuación destriparé. Aunque muestre como un cierto apretujamiento de los elementos, ilustración, logotipo del sello editorial, título, antetítulo, autor, no llama la atención por ningún desastre en particular. La contraportada también es pasable, con una foto del autor que habría ido mejor, siendo un poco convencionales, en la solapa interior de la portada. Pero lo que me parece tremendo, digno de un editor completamente loco, suicida, marciano, es esa solapa en la que se presenta en unas pinceladas al autor, con sus hitos significativos. En este caso, en una letra imposible, por pequeña, se recitan TODOS los premios cosechados por este prolífico —aunque desconocido— escritor, con un palmarés digno de un verdadero corredor de fondo de los parnasillos locales. 

Premios y más premios, el de Villalmádena de Cifuentes, el de Retruécanos de Lodosa, el prestigioso certamen de microrrelatos de Guadianilla de Almudéjar o el simpar concurso interprovincial de Nuevos Talentos Consolidados Emergentes, donde nuestro hiperactivo escritor logró una honrosa plaza de finalista, que le privó de los jugosos 500 euros y estatuilla que el altruista ayuntamiento concedía al talentoso o talentosa escribidor triunfante. 

También se jalonan en tan enjundiosa ficha el estado civil y familiar del autor, así como su muy señalado y casi febril amor por los libros y el arte escribiente, pasión que le roba hasta el mismo aire que respira, actividad básica para el vivir de la que a veces se olvida, y para lo que tiene que poner pegatinas amarillas en todas las esquinas de su casa y de las páginas de los libros que devora noche y día: Respira, Antonio, respira.

Tampoco falta detalle sobre las actividades en torno a la literatura de nuestro escritor, que si un taller por aquí, una charleta por acá, un recital de poesía acullá, y hasta un par de viajes por Europa que ampliaron sus horizontes vitales. Y una alusión a una actividad literaria en gerundio, del todo absurda porque todos sabemos que el tiempo pasa, inexorable, y esa actividad dejará de ser gerundia para trocar en pasado. Como aquellos redactores de internet que emplean ese efímero ayer en sus crónicas.

Otro aspecto que me llama la atención del peor libro editado jamás, con los fondos de una diputación provincial, es el blanco nuclear de sus páginas. Tendemos a pensar que las páginas de un libro, el famoso miedo al folio en blanco, son blancas, pero no. Son crudas, si acaso. Color hueso, color camisa con demasiados lavados en su haber. 
Otro elemento con claras reminiscencias amateur, en este caso achacable al autor, es la profusión de citas solemnes y estupendas en los albores de la historia. Más de dos me parece un exceso que debería estar penado con multas y/o retirada del carné de escritor. En este caso encontré siete, un crimen imperdonable.


Libro dentado, ideal para quitarse los paluegos literarios

Seguimos con el recurso a los capítulos. Lo entendemos en El Quijote, pero queda solemne, amateur, quizá infantil, usar ese epígrafe en una novela que se presume corta y sin excesivas pretensiones. Etiquetar esos trancos de páginas como Capítulos se me antoja, en este momento censor por no decir inquisidor que me embarga, exagerado. Mejor un numerito o nada. 

También yo suprimiría esa fecha o data del final, en la que el autor nos confiesa los meses que le costó gestar y por fin dar a luz esta novela perdida en los confines de un mercadillo de capital de tercer orden. Fechas, por supuesto, con esa magnánima y prepoténtica, por no decir mayúscula, letra mayúscula, que evidencia un innecesario deseo de notoriedad como de notaría burgalesa, a la par que una ignorancia supina, en cuanto que todo el mundo sabe, a poco que haya leído dos novelas bien editadas o cualquier periódico nacional, que los meses se escriben con minúscula. 

Concluye el libro peor editado de la historia con un índice. Vacuo y estéril índice que solo señala el número de capítulos y su correspondiente página, como si alguien pudiera sentir el deseo de acudir al capítulo cinco, esto es, la página 86, así porque sí. 

Y, como este libro, muchas cosas. Por suerte, el sector editorial español está demostrando que libros como este son excepciones, así que este post quizá sea del todo inútil. 

11.12.14

La cárcel

Poca broma. Van entrando unos y otros. Fabra, Matas, Pantoja y se hace un silencio. La cárcel sigue imponiendo respeto, sobre todo cuando la pena va en serio, lejos de tercergrados descafeinados. La cárcel como una vida alejada de la vida, una intravida, una vida subterránea, una vida interina, una no-vida. Una gripe interminable. 

Difícil escribir sobre la cárcel sabiendo tan poco de ella, pero surge una intuición que me presenta una cárcel no como foco de broncas y peligros varios entre los reclusos, esa vuelta a la posibilidad del bullying, de las leyes de la jungla que se pensaba ya abandonadas para siempre, sino como una vida, atención, cómoda. Tan cómoda como la del canario enjaulado, que se vuelve loco en su cerebrito cantarín, pero cómoda al fin y al cabo. Una existencia jalonada por normas que matan cualquier iniciativa personal, en donde impera la rutina de la rutina, el toque de queda de los alcaides y el saber que mañana será más de lo mismo: la lucha por no hundirse en el pantano de la desolación. Pero aquí los apoyos son pocos y frágiles, apenas queda la esperanza, revestida casi de fe ciega, y proyectos de superación personal en los que asoma el aliento fétido de la inconstancia. La hiedra de la alienación, de ese no poder ser uno mismo, ni cultivar su mejor versión, que crece hasta ahogar al preso. 

Pensar de pronto en todas esas cárceles que están fuera, en la vida real, construcciones que occidente ha levantado en pos de la comodidad, del bienestar, y ver ahora ese trabajo fijo de nueve a seis, ese matrimonio estable, esa ciudad tan manejable y tranquilita, esa zona de confort del trabajador por cuenta propia, como la peor de las condenas. 'El séptimo continente', de Michael Haneke. Sin fecha de salida y sin fuerzas para escapar, como la rana a la que se hierve con agua progresivamente caliente y que cuando quiere liberarse ya no es capaz. 


Visita en el pasillo, Manuel López Villaseñor

Quizá la libertad sea eso, sortear esas cárceles que nos salen al paso y que cuando no nos alienan, nos limitan a una versión rácana y empobrecida de nosotros mismos. El amor, en las antípodas de la molicie sentimental, entraría a jugar un papel radical en este punto.

4.12.14

4D - Las chicas Pulp

¿Qué hacer con las novelas descartadas? Se quedan ahí, cogiendo polvo digital, porque no nos convencen en su conjunto. ¿No se podría reciclar algo de ellas? ¿Por qué condenarlas a la enmienda a la totalidad del rechazo? Hoy di a parar con este extracto de Bildungsroman, novela que escribí a salto de mata entre 2011 y 2013, y de la que pego un breve fragmento como minúsculo homenaje a los libros no natos.



Una constante en su no-relación era la laxitud en los horarios. Les daba la hora de comer cuando querían ir a desayunar y les cerraban los restaurantes de menú del día en su desfasado mediodía. Poco antes de la una bajaron a una cafetería de la calle Fernando VI que podría haber servido de localización en el rodaje de Amélie donde tomaron café con leche en grandes tazas. Raquel tenía algo de chica Amélie, de hecho el cartel de la película fue su foto de perfil de Facebook durante dos largos años, como lo fue de miles y miles de chicas Amélie alrededor del globo. ¿Qué rasgos comunes compartían aquellas mujeres? Había algunos evidentes, como la foto de los pies, con mar al fondo y conchas alrededor de las uñas pintadas, o los cuadros de Klimt o Van Gogh. Solían trabajar en empresas relacionadas con la comunicación o las artes gráficas o decorativas, aunque en labores administrativas o de gestión.

Las chicas Amélie eran distintas a las chicas Audrey Hepburn. Estas últimas eran más predecibles, más del montón, y ocupaban cargos en empresas más grises, despachos de abogados, consultorías, el sector sanitario... Las Audreys eran más mainstream y sus gustos eran los de cualquier persona normal: viajar, salir con los amigos, desconectar... carecían de la sofisticación afrancesada de las coquetas Amelís, y del tirón erótico de las chicas Pulp. De irresistible encanto, la salud mental de estas aficionadas a la nouvelle vague podía entrar en la categoría a menudo difusa del trastorno límite de la personalidad o borderline. Con sus timelines abarrotados de fotos de Belmondo y Jean Seberg con pelo corto, las chicas Pulp no conocían la censura a la hora de exhibir sus estados de ánimo o sus partes del cuerpo más seductoras, así como detalles de los últimos tacones de aguja adquiridos en un mercadillo vintage. Con comentarios provocadores e inteligentes, enseguida se hacían con una legión de aduladores, normalmente escritores en busca de editor, que sufrían al saberse uno más entre ese ejército de escritores sin rumbo. Había alguna editora independiente entre las chicas Pulp.

No era raro que se mezclaran elementos de una y de otra y ver un cojín con el rostro de Audrey Hepburn junto al tocadiscos de la chica Pulp, que acababa de subir a Instagram una foto de sus pestañas tupidas de rímel. Raquel tenía bastante de Amélie, pero con ramalazos Audrey. Así lo evidenciaba un póster de angelotes, querubines entre nubes, que tenía en un tocador muy ordenado con diversas cremas y perfumes. Raquel no había estado nunca en París. Era de Orcasitas, como tantas amelís de la periferia que soñaban con un paisaje más amable y algodonoso.




3.12.14

3D - En el día de Navarra

Lo cierto es que si tanto País Vasco y Navarra disfrutan de unos privilegios fiscales en arreglo a unas leyes y pactos de tiempos de maricastaña —que en el caso navarro conozco más o menos, no tanto en el vasco, cuyo origen se me escapa en la noche de los tiempos—, los catalanes serían un poco los pringuis de la partida al haber sido víctimas de la entrada cual elefante en cacharrerie de un rey que no querían, que les abolió buena parte de su establishment institucional, que llenó de funcionarios castellanos dichos órganos y que de ello solo recibieron una palmadita en la espalda y un nuevo status quo que tuvieron que comerse con patatas y calçots, si nos fiamos de la retórica oficial, que no siempre tiene que ser un cúmulo de manipulaciones.

En el día del santo patrón de los navarros, el heroico san Francisco Javier, id por todo el mundo, quizá habría que pensar si a dicho santo le gustaría ese trato de favor en un país do las injusticias campan por doquier, y si no habría que revisar también la situación de otros pueblos, o hacer una tábula rasa o como diría aquel, reventarlo todo de una vez.  

2.12.14

2D - Feng shui territorial

Que al final todo se reduzca a una cuestión de feng shui territorial. Un estar tan a gustito en tu esquina geográfica, arropado por la protección de las fronteras, como un gueto de Varsovia feliz, un antigueto de calor humano en el que estamos los nuestros, con nuestras cosas, nuestros asuntos y nuestras costumbres. Perimetrar el mundo. Acorralarnos. 

Un universo más pequeño en donde la gestión sea más eficaz. Se controla mejor al vecino que al de más allá. Se fiscalizan mejor sus cuentas, hasta se cazan sus trampas. Nos roban menos. Invertimos mejor, que esto es importante. La cuestión de la independencia catalana como el deseo de un mundo más asible, como hace de alguna manera el escritor al acotar el caos de la existencia en 200 páginas. 

La idea de que, una vez conseguido ese anhelo, el mal feng shui permanezca.

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