22.10.14

22O

Decía Rosa Montero sobre la entrevista que es un género teatral. El entrevistado actúa y el entrevistador actúa. Hoy tengo dos, como entrevistador. Da un poco pereza salir de la zona de confort para ponerse el traje de entrevistador pero, como todo lo que da pereza al principio, se recompensa con una satisfacción posterior, por lo airoso de la actuación. La vida es, en realidad, bastante simple.

21.10.14

Las tildes de Podemos en Vistalegre

El día que no voté a Podemos, el pasado 25 de mayo, sentí una extraña inquietud, al acostarme. El leve fustigue que traen las alertas del error. Voté con la razón, a un partido con el que no me une nada, de otra comunidad, cansado de cierta monserga homogeneizante reductora de solidaridades interpueblos. Voté con sentido del deber, ignorando otros cantos de sirena, que es como uno cree que debe votar, pero luego me arrepentí. Como si hubiera un movimiento necesario para el país al que no me hubiera sumado por un escepticismo prudentón, por soberbia incluso. Para mitigar esa sensación, y quizá reengancharme a ese movimiento y por mera curiosidad de persona que sabe que a la curiosidad hay que mimarla y regarla como a una planta delicada, fui este sábado 18 a la asamblea constituyente de Podemos en el Palacio de Vistalegre, Carabanchel. Vayan por aquí unas notas sueltas.

Lo primero que vi al llegar fue a Pablo Iglesias, allí estaba el hombre. Lo primero que sentí fue un aroma a movimiento de masas, más o menos enardecidas, que me recordó a discursos de líderes soviéticos, Trotsky y así, que hemos visto en YouTube. Me impresionó todo el despliegue, el orden de las sillas en la pista, formando una cuña perfecta. No había banderolas de ningún tipo, como mucho camisetas de Podemos, cierto orden totalitarista que me hizo pensar en la manifestación soberanista de la última Diada en Barcelona.

Fueron desfilando los representantes de los distintos equipos, Equipo Enfermeras, Sumando Podemos, Juristas Madrid, Democracia Radical... Todos ofrecían distintas versiones de lo mismo, respeto a conceptos básicos como la Declaración de los Derechos Humanos y después el recuento de una serie de medidas de control interno, como limitación salarial o de legislaturas, para acabar con los privilegios que provoca la pertenencia a la política. La casta como bestia negra. Como blanco de todas las dianas. Me gustó en ese sentido algo en lo que insistió después Juan Carlos Monedero, esa especie de tornado de la oratoria, respecto a que los políticos deben estar cuatro, ocho, o doce años como rarísima excepción con medidas de gracia mediante, y luego volver a sus trabajos, con los demás. Stop al pesebrerismo.

Me quedé con una frase de un tal Antonio Muñoz, de un equipo de Murcia: "Estamos viviendo una segunda transición".

Explicaron después cómo bajarse la aplicación appGree para poder hacer preguntas a los distintos equipos y aquello sí me pareció democrático porque la masa dejó de ser masa pasiva para hacer algo, aunque fuera juguetear con sus móviles. Un símbolo, quizá, pero con todo el poder de alterar el rol de esos miles de personas que estábamos allí para elevarlos, aunque fuera en un grado infinitesimal, de espectadores a actores.
La parte menos buena de todo esto fue una serie de problemas algo sonrojantes con las redes wifi, así como con la megafonía, que generó varias de esas situaciones nada solemnes del "¿se me oye?", "noooooo", "siiiii", "que noooo, coñooo".

Luego momentos algo tediosos en los que los distintos miembros de los equipos explicaban sus documentos éticos en un tiempo inferior a cuatro minutos y tenían su ración de púlpito y gloria pasajera. Unas intervenciones bien intencionadas y coherentes, repetitivas en su esencia como digo, que palidecieron acto seguido con la torrencial aparición de Juan Carlos Monedero y su vendaval retórico. Los espectadores-actores dejaron sus móviles y procedieron a dejar que el vello de su cuerpo se erizara, ante ese discurso que iba directamente al corazón. "Recordar significa pasar dos veces por el corazón", y a continuación tuvo palabras de homenaje, a voz en grito, para los desahuciados, los parados, los afectados por las estafas tipo Caja Madrid e incluso los 43 estudiantes desaparecidos en México. Había que ser muy frío para no dejarse llevar por esa emoción oratoria que generó los espontáneos "Sí se puede, Sí se puede", del público, y que a mí me impactó por la fe en su proyecto, por la ambición que demostró ese señor bajito con gafas republicanas.

Apunté mentalmente frases como "país de países" y "pactos a nivel estatal". Si hay algo que me gusta de Podemos es que la naturalidad con que asumen la pluralidad de España, sin dudar o tener complejos al reconocer la existencia de esta. La idea de que puedan por fin realizar ese trabajo sucio por la cohesión nacional que hasta la fecha solo han realizado Vicente del Bosque y Andrés Iniesta con su oportuno gol ante Holanda.

Siguió Monedero enardeciendo a las masas, gustándose, hasta que su tiempo se agotó, pero debió de pensar, ay, que el momento merecía ampliar un poco el tiempo, saltándose la norma, para no cortar la emoción, y se encontró con un implacable coro de pitos y brazos haciendo el gesto de girar sobre sí mismos. Pilló el mensaje y, sabiendo que había incurrido en una falta más grave de lo que pudiera parecer, por creerse con más privilegios, eso es, que el resto, al rato compensó ese 'exceso' haciendo una intervención menor y cediendo ese tiempo del que se había apropiado a otros ponentes.



Dan importancia a los detalles, porque saben que la tienen. Un virus como el ébola cabe en la cabeza de un alfiler, y no deja de ser menos importante por ello. Mientras preparaban la última intervención y se iba a dar paso a las votaciones, me fijé en los paneles colgantes con palabras como Pueblo, Ciudadanía, Ilusión, Soberanía, Círculos. Son, en efecto, un partido 'atrátalo-todo', un partido que ha optado por moverse en esos mínimos que nos irritan a millones de ciudadanos. ¿Cómo no irritarse ante el gasto indiscriminado y en lujos obscenos de 15 millones de euros por parte de miembros de Caja Madrid mientras el país se desangraba y una serie de incautos abuelos caían en el error de confiar sus ahorros a esa misma lamentable institución bancaria, rescatada años después con dinero público? Saben de esa fuerza, Podemos, y por eso han decidido apartarse de actitudes políticas tan buenistas como ineficaces como ese asamblerismo utopicoide que se ensayó sobre el suelo de la Puerta del Sol, cuando del 15M. Fue precisamente ese modus operandi el que me distanció del 15M, por lo que no puedo evitar simpatizar con un proyecto quizá menos democrático en sentido estricto, pero seguramente más eficaz, como el se vota esta semana, en la lista de Pablo Iglesias. La política es, además, como dice el propio Pablo Iglesias, "cabalgar contradicciones", máxima quizá peligrosa, pero que solo un adolescente intelectual no suscribiría.

Por su capacidad de cintura, que otros llamarán veletismo o incoherencia, también me interesa este nuevo partido, el único al que le veo con verdadera vocación, en el sentido de estar llamado a, de cambiar las cosas y purgar vicios muy arraigados. Pero estábamos con los detalles, esos de los que a menudo han despreciado la ¿casta? política. Pase usted cualquier día de estos por la Puerta del Sol, por la noche, y verá el detalle de una suciedad de ciudad africana por sus rincones, detalles que desprecia la actual alcaldesa, pero que, sumados a otros, puede que le cueste la alcaldía a su partido en las próximas elecciones municipales.
En el Palacio de Vistalegre, decía, me fijé en esas palabras colgantes, Soberanía, Ilusión. Me fijé en las tildes, unos pedazos de imagino que poliespán que alguien dio orden de que se colocaran. Se los podrían haber ahorrado, nadie iba a echar de menos unas tildes cuando había otras cosas más importantes. Pero no, los organizadores del acto debieron de insistir en ello, porque había que hacer un trabajo extra, unos apaños con hilo tipo pita, para colocar, a cosa de un metro de distancia de la o, la tilde de ilusión, la tilde en la i de soberanía.


No son pocos los recelos que despierta este partido, desde la derecha, el centro y la izquierda más ortodoxa. Léase el editorial del pasado domingo, en 'El País', donde se insinuaba la posibilidad del acceso a la política vía golpe de Estado poco menos. En nuestro corrupto país, se podría decir que quedan instituciones aún no necrosadas, y que los modos chavistas no tendrían cabida en un país con más solidez democrática con España. Por otro lado, quizá sea hora de abandonar las comparaciones. La revolución de los claveles, en Portugal, fue la revolución de los claveles, y no otra cosa. Quizá ya no sirva esa máxima de quien no conoce su historia está condenado a repetirla, porque básicamente no conocemos el futuro, ni deberíamos caer en la soberbia de pensar que podemos anticiparnos a él, con tilde en la e.

20.10.14

20O

Hasta hace bien poco tenía una mata de pelo tal que era casi imposible peinarme. Me rendía ante la indomitez de mis cabellos y me resignaba a ir por la vida más feo de lo que me correspondía. Creo que me pasaba parecido con las ideas. Quizá tuve demasiadas, en ese estadio que llamaremos juventud, revueltas y generadoras de confusión, por la relación entrópica y mareante que se generaba entre ellas. Me condenaban a parecer más tonto de lo que era y yo, también, me resignaba a ello.

Me alegro, pues, de tener menos pelo y menos ideas. Pero que pare la cosa, eh.

18.10.14

18O

Cuña de queso que compré para una cena con David y Alessandro a la que luego se sumó un ser entre oscuro y acaparador de conversaciones plañideras en una noche de por sí no especialmente exultante pero dentro del saco de las noches que aportan algo más que restan, a la postre. Superó esa cuña la selección natural de los quesos, y pienso ahora que si los alimentos quisieran sobrevivir en una jungla de alimentos serían a cada cual más asqueroso. No es el caso de este queso, valga la aliteración, con una línea de ceniza divisoria, que luego recorrió a mis espaldas los 36 kilómetros que separan Cercedilla de Segovia. Sí le hincamos el diente en un alto en el camino, poco después de ver a un grupo de ciegos en grupitos de tres, asidos entre ellos por un palo horizontal cohesionador. Pasó la noche toledana, o mejor aún segoviana, bajo la lluvia, en un pliegue profundo de mi mochila prestada, en medio de esa melancolía otoñal de setas, humedades y quizá gnomos que se preparan para el invierno.
Días después acabó en tu casa y también sobrevivió prácticamente entero, pues lo relegamos ante otras opciones. No sé cuál será su destino, si finalmente cumplirá su función en el mundo, o sea, ser digerido y después expulsado en otra forma, más marrón y cremosa, pero a veces me acuerdo de él, como si fuera una especie de delegado mío, de representación láctea con un pequeño pasado a sus espaldas, que contribuye a mantener viva la llama que se resiste a extinguirse. Hasta que te lo zampes o lo tires para siempre a la basura de Ikea. ¿Quién se ha comido mi queso?
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