Podrán solicitar su participación, de forma individual o colectiva (hasta un máximo de seis componentes), en las modalidades artísticas convocadas, las personas físicas de nacionalidad española y todas aquellas con residencia legal en España que no superen los 30 años de edad el día 31 de diciembre del año 2010
Vaya, me estaba planteando seriamente enviar mis recién conclusas andanzas cubanas al concurso de Narrativa del Injuve (Instituto pa' la Juventud) y me he sentido como un niño que no da la talla para subirse al Dragon Khan, pero al revés. Porque un niño que no da la talla para subir al Dragon Khan sabe, a no ser que provenga del pueblo pigmeo, que algún día la dará, y podrá disfrutar de esos loopings frenéticos en el atardecer de las afueras de Vilaseca. Como al chaval al que le deniegan la entrada en una discoteca, o el que tiene que pedirle que le compre tabaco a un señor desconocido, pero simpático, o el que aún ve la democracia como un juego al que no le han invitado todavía.
Leo y releo las bases de ese concurso estatal y compruebo, ay, que el 31 de diciembre de 2010 superaré los 30 años, por poco, pero los superaré. Y la juventud, oh, ya te vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro, y a veces lloro sin querer, no podrá ser recuperada porque pasó, como la fecha caducada de un yogur caducado cualquiera.
Quizá sea un acicate, entonces, no aspirar a premios que se dan porque eres joven, y realmente las plazas hay que ganárselas más allá de la conmiseración pública por ser mozalbete o algún otra masa social a la que las instituciones se proponen echar cables. Me acuerdo ahora, no sé por qué, de Manuel Altolaguirre cuando es llamado a filas, un tipo que no había cogido un fúsil en su vida. Pensaba que los escritores, los poetas, estaban exentos de ir a la guerra, por su calidad de artistas. Que el arte, decía, como la belleza salva a la mujer y la fragilidad al niño, le colocaba en una condición distinta al resto de los mortales. Y no.
Bienvenida pues, esa edad adulta sin la compasión gubernamental hacia una juventud a la que no pertenezco en términos de boletín oficial de estado. No te temo, cá.
PD: Decían el otro día en el programa de Punset que el cerebro no está del todo formado hasta los 25 o incluso 30 años. Bien, ya estoy terminado, soy una máquina completa, conclusa, preparada para volar, para salir, para actuar. Hasta hoy, todo han sido premios injuves, indulgencias, favores, ensayos y errores. No hay excusa ya, para empezar a ser quien se es. (Lo que quiera que sea, eso.)

